EL GAUCHO BONACHON, PASION DE MULTITUDES EN PRETORIA
"Pero sí, como no. Me pongo así, está bien? It's amazing: Holland and Argentina in a photo", suelta en spanglish el hombre, mientras el holandés anaranjado lo mira con cierto aprecio. Esto le ocurre infinidad de veces cada día. A cada paso le piden posar con los cameruneses, uruguayos y franceses. El es todo un peculiar personaje, un entrañable personaje que viste las calles de Pretoria.
Hugo Lisobei es oriundo de Esperanza, en la provincia de Santa Fe. Dice llevar encima seis décadas vividas a puro goce de la familia y de los afectos. Se auto caratula como sabio degustador de asados y amante de los gestos porque si. "No tiene que haber una excusa para sacarle jugo a cada momento", dice cuando en ese mismo instante una sudafricana quiere llevarse como suvenir la bendita foto con Hugo.
Lisobei se pasea por las calles con la ropa de gaucho. Si, así como lo leen. Pañuelo en el cuello, sombrero típico, calzones gauchescos y ese aire bonachón que lo hace mas querible. Para todos en Hatfiled Square es El Gaucho, a secas. Esta es su octava Copa del Mundo vibrando con los colores de Argentina. Un numero que inspira respeto e, inevitablemente, echa a rodar muchas anécdotas: "Mi primer Mundial fue España en 1982. En la Villa Joyoza, donde se concentraba la Selección, falsifique una credencial de periodista para ir a saludar a mi comprovinciano Nery Pumpido. Evadí todos los controles. Y cuando me vio Pumpido ahí se quedo mudo!, jajaja!".
Es una catarata de historias el Gaucho Lisobei. Se trajo chorizos de campo desde Esperanza especialmente para que los argentinos puedan saborear ese manjar bien nuestro durante la Copa del Mundo. Hinchas y periodistas, trajo para todos. Pero su misión chorizesca, si vale al término, estuvo a punto de ser saboteada. En el aeropuerto de Johannesburgo había dos perros que revisaban las valijas. Los perros se lanzaron sobre las valijas donde se encontraban la carne con tocino y tripa de cerdo. Todo el mundo lo miraba a Hugo, pensaban que traía algo extraño en su equipaje. Al cabo de 40 minutos eternos, la gente de la aduana sudafricana entendió de qué se trataba.
Stop. La nota se interrumpe porque cuatro brasileños desesperan por saludar al Gaucho. Podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que se trata de un hombre popular en esta parte de África. Hasta se pelearon dos hoteles de Pretoria por tenerlo como huésped, ya que el arrastra argentinos adonde pisa y, además, le hicieron flor de descuento en la habitación por ser el personaje que es.
Para el epilogo regala una vivencia de oro: "De mis ocho Mundiales claro que el partido que más recuerdo es el Argentina-Alemania del 86. Porque ganamos esa Copa, obvio. Pero más me emociona pensar que fui con mis tres hijos al azteca ese 29 de junio sublime. Mi hijo menor, que hoy no está entre nosotros pero vive en mi corazón para siempre, lanzo la famosa paloma de la paz que reflejo El Grafico en su número especial de Argentina campeón. Mi mujer ese día había comprador una bandera argentina en un supermercado del DF y en el paquete que traía dentro esa bandera, había una paloma. Conseguimos entrar con ese paquete a la cancha y, de repente, mi nene saco la paloma y la soltó dándole un beso. La paloma se poso en el travesaño del arco de Pumpido", cuenta al borde de las lagrimas este gaucho bonachón.
Su mirada de buen hombre, su don de gente y su generosidad hacen mella en cada mortal que se lo cruza. Es que Hugo Lisobei, el querido Gaucho, nos ensena que dar de corazón sin esperar nada de los demás es la mejor receta para poder ser más felices un poco cada día.
SEBASTIAN SRUR, Enviado Especial a Pretoria, Sudáfrica.













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